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84º aniversario de Su Santidad el Dalai Lama

84º aniversario de Su Santidad el Dalai Lama

Escena increíble el 6 de julio en el monasterio de Gyumé en el sur de la India durante la ceremonia para celebrar el 84º aniversario de Su Santidad el Dalai Lama. Dos palomas fueron liberadas en la fiesta, una de las cuales se giró para regresar al templo y aterrizar en el trono frente al retrato de Su Santidad y permaneció. durante unas horas Esta paloma se paró frente al retrato de Su Santidad en el trono con una actitud de respeto, sacudiendo la cabeza varias veces como si estuviera postrada. Fue un evento excepcional por su rareza.

Le 06 juillet 2019 lors d’un événement public en célébrant la fête de 84 ans de Sa Sainteté le Dalaï Lama: Une scène incroyable s’est produit dans le monastère de Gyumed dans le sud de l’Inde. Deux colombes ont été libérée lors de la cérémonie de 84e fête anniversaire de Sa Sainteté le Dalaï Lama dont l’une a fait demi tour pour revenir dans le temple afin de se poser sur le trône devant le portrait de Sa Sainteté ensuite elle y est restée pendant quelques heures. Cette colombe s’est positionnée en face du portrait de Sa Sainteté sur le trône avec une attitude du respect en hochant la tête à plusieurs reprises comme si elle faisait de la prosternation. Ce fut un événement exceptionnel par sa rareté.

Gepostet von ཚ་ཁོ་ཐུབ་བསྟན རྒྱ་མཚོ། am Samstag, 6. Juli 2019

Empezando a escribir en tibetano

Empezando a escribir en tibetano

Para estudiar el idioma tibetano, primero aprendemos el alfabeto y su pronunciación, y luego practicamos su escritura.

El alfabeto que vamos a utilizar es el UCHEN o “letras con cabeza”. Se llama así porque se parte de una línea en la parte superior e ir siempre de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha para trazar las letras, es lo más parecido a nuestra “letra de imprenta”.

Es importante practicar hasta tener soltura y que la letra sea clara y uniforme, se le da mucha importancia porque tanto la lengua como la caligrafía tibetana han servido desde el principio para recoger y transmitir las enseñanzas de Buda así como los comentarios de los maestros de todas las escuelas y que pudiesen ser transmitidos de manera fidedigna a las generaciones futuras.

Lo mejor para practicar es tener plumas  hechas de caña de bambú cortadas de manera especial o plumines de diferentes anchos para usar con palillero y tintero, a la antigua usanza. Si no se dispone de estos materiales se pueden utilizar rotuladores de punta rectangular, cuya escritura es muy similar a las de las plumas antiguas. En cualquier caso se requiere destreza para que el resultado sea artístico.

El papel para escribir el alfabeto UCHEN o “con cabeza” debe ser un papel rayado horizontal, los profesionales rayan su propio papel con lápiz y luego borran las líneas, nosotros podemos usar una simple hoja de papel de una raya, también sirve papel milimetrado, al menos para las prácticas es indispensable, caso contrario el resultado puede ser lamentable (por propia experiencia).
Los tibetanos tienen unos cuadernillos de práctica con tres rayas, pero no son fáciles de adquirir en occidente.

Una vez tenemos los materiales adecuados, vamos a empezar a practicar la escritura del alfabeto tibetano al mismo tiempo que lo recordamos.

Empezamos por trabajar con las consonantes de la primera serie: 

 

   

 

   

 

Recordad que estamos trabajando con el alfabeto UCHEN o “con cabeza” lo que en este caso quiere decir que empezamos el trazo por la línea superior y seguimos las indicaciones de la figura para  la realización de los trazos.

¡ A practicar !

Rafael Herranz

Arquitectura tibetana

Arquitectura tibetana

Podría escribir un artículo lleno de definiciones volumétricas, con precisión técnica, explicando simbolismos y describiendo materiales, técnicas constructivas y acabados, pero eso ya está impreso, está al alcance de todos y es más de lo mismo. Lo que no he leído todavía es lo que yo me atrevo a presentar. Describir la arquitectura desde la reverencia, desde el inmenso simple vacío, y sin olvidar lo que más abunda allí: el denso blanco silencio.

Soy arquitecta, pero en el Tíbet esto no sirve de nada. Lo siento. Resulta que lo que yo aprendí con muchos números, lineas, papeles y física, aquí ya lo sabían sin tantos rodeos.

En el Tibet hay una arquitectura de «habitáculo suficiente imponente».

La arquitectura es puro espacio contenedor de energía y tiempo, la he sentido cuando pasaba los umbrales de unas puertas señoriales que guardan el mundo interior de la espiritualidad de las personas.

Desde fuera se ven volúmenes indefinidos, imprecisos, del color gris ceniza de la tierra, la tierra de las montañas que huelen a incienso.

Los tibetanos viven en la magnisuficiencia.

Impresionante.

Nunca pensé que la frase del arquitecto Mies Van der Rohe fuese tibetana: «menos es más». Aquí el «menos» es la pobreza material y el «más» es la compasión que sale por puertas y ventanas.

Para describir la arquitectura en el Tibet, hay que inventarse nuevas palabras, hay que redefinir los espacios y añadir adjetivos de emoción a cada explicación.

Si somos esa preciosa vida humana que nos dice S.S. el Dalai Lama, deberíamos habitar en joyeros, pero en el Tibet se habita en construcciones que brotan de la tierra misma, que crecen como las plantas y evolucionan temerariamente al ritmo de la climatología y el escaso pero sabio mantenimiento, para hacerse paso en el devenir de los siglos.

Si no fuese por la labor de carpinteros- joyeros, que consiguen que las ventanas sean la forma de concentrar la belleza en las edificaciones, nadie se fijaría en los edificios.Son como los cuerpos, lo que dejamos atrás tras nuestra muerte.

No se distingue bien desde el exterior la función de cada construcción, no hay un lenguaje como en occidente para diferenciar las tipologías arquitectónicas por los patrones de alturas, vanos, puertas y escaleras. Aquí se entra en los espacios y se viven. Punto.

Los edificios son de dos tipos: públicos y privados. Los públicos son grandes, los privados pequeños.

Los monasterios son edificios-pueblo, monumentales y siempre tocando el cielo en las laderas de las montañas, estratégicamente colocados para su función y una sorpresa para el ojo caza paisajes.

Los edificios se construye con cierta rapidez,porque todos trabajan y trabajan.

Las estupas, construcciones que albergan energía y sabiduría de un difunto, salpican el paisaje en tamaños y edades.

No quiero que se me olvide decir que las mujeres son las obreras de la construcción, las que asfaltan a centímetros las pocas calzadas que les toca estarlo y su labor como madres y amas de casa se añaden a lo dicho. Está normalizado.Nada que decir. Hace reflexionar. Lo opuesto a occidente.

Cuando viajamos esperamos encontrar, muchas veces de forma inconsciente, formas de hacer o pensar parecidas a los que ya hemos visto, como si la era de la comunicación  hubiese conseguido equiparar las condiciones de vida de todos los humanos del planeta. Pero no es así, y cuando se viaja al Tibet uno despierta a una realidad reveladora. Literalmente un fogonazo de luz. El Tibet es un país enorme en superficie, inmenso en amor y excepcional en mensajes.

Me centraré en la arquitectura visitada en Leh y alrededores, un viaje a Ladakh al que se va en avión y se regresa flotando. Nada de lo que se ve es comparable a lo conocido en otras partes del mundo. Aquí la arquitectura no es pobre, es un tesoro en el que hay que entrar, no sostener con la mirada.

La arquitectura ya se visualiza desde el momento en que el avión se aproxima a la ciudad de Leh. Es de pequeña escala, se confunde con la tierra que la rodea, piedra, granito y pizarra. Destacan escasos edificios de gran tamaño, en las partes altas de la montaña, como puntos estratégicos que tocan el Cielo como si de un privilegio disfrutaran.

El aeropuerto es la mínima expresión de lo que cualquier occidental tiene por edificio de primer contacto con un turista. Es sencillamente suficiente.

Salir del aeropuerto y ser recibido por tapias de muros de áreas militares hacen que la llegada se tense, pero desde el aire se ha podido percibir una ciudad que no daba la sensación de encontrarse tomada por un ejército. Más bien era un “asentamiento” en un valle verde muy fértil y flanqueado por paredes de montañas.

La entrada a la ciudad de Leh promete, todo está por terminarse, construirse o reformarse. Todo es increíblemente uniforme en su aparente precario estado constructivo. Los edificios, desde el exterior, no sabes muy bien en qué estado se encuentran, pero  más adelante comprendes que el concepto de la impermanencia se encuentra en la arquitectura, esta vez en ciclos más cortos de los que yo estoy acostumbrada a estimar como arquitecta.

 

La ciudad es un conjunto de edificios de diferentes alturas, de crecimiento espontáneo tras obligados trazados de calles y vías que no tienen nada previsto, ni preocupa la falta de previsión. El asfaltado es un lujo, la electricidad un regalo y la arquitectura es una necesidad más que una obra llena de intenciones.

Es demasiado atrevido encerrar entre paredes de barro el inmenso silencio del Tibet.

No hay arquitecto que pueda tener esta osadía.

Se levantan templos bajo el mayor de los respetos, sin querer hacer sombra a la magnificiencia del Himalaya y la escala no existe como parámetro allí. Todo lo que levante el hombre seguirá siendo pequeño.

En el Tibet una Torre Eiffel es una pequeña antena de radio, un  Burj Khalifa es una terraza en planta quinta, un Coliseo Romano es un espejismo de la montaña y un Monasterio del Escorial es un buen intento humano para dialogar con el Himalaya.

Escribiré de las llegadas a los monasterios, su olor, color, luz, oscuridad…y escribiré sobre mi experiencia en casa de una familia, una casa que es lo que conocemos en España como un hogar.

Describir la arquitectura con palabras es difícil, mejor unas fotografías para comprobar si las mías han sido acertadas.

Tashi Delek

Berta Calderón Pérez

El día a día de un budista

El día a día de un budista

Autor: Bokar Rinpoche

Editorial: Graus (Huesca): Ediciones Chabsol, 1997.

Este pequeño libro nos responde a la pregunta de como hacer cuando uno trabaja, cuando uno lleva su vida cotidiana para dar al menos a cada día una base espiritual, a la vez fácil de poner en práctica y profunda en su aplicación. Como dice Lama Tcheuky en la presentación, “es un libro destinado a ser leído y releído, consultado y reconsultado, cerrado y abierto cien veces…”.

El libro puede dividirse en tres partes. En la primera parte, fija una serie de prácticas simples y breves, pone los peldaños de la jornada diaria y fija las metas necesarias que le dan su perfume espiritual. Así, se presentan las ocho etapas de la práctica matinal, la práctica de las comidas y las cinco etapas de la práctica de la tarde. Comienza con una breve introducción y en ella habla de los cuatro factores del Despertar, dedicar la vida a la iluminación, (es importante vigilar atentamente cada día nuestra conducta física, oral y mental, a fin de cortar todo aspecto negativo y desarrollar una actitud positiva lo más completa posible), la verdad relativa y la verdad última, y destaca muy bien el tema de las huellas psíquicas, que es muy interesante. Así, por ejemplo, desarrolla las pautas para la jornada diaria y las divide en mañana, tarde y noche. Estas pautas son muy interesantes y es cierto que son una gran aportación y te pasas el día consultándolas.  Por poner un ejemplo, divide las prácticas matinales en ocho puntos: el Primer Pensamiento del día, Ejercicios Respiratorios, Orientar la Mente, el Aseo que Purifica, Hacer Ofrendas, Homenaje al Buddha, Toma de Refugio y Práctica de Chenrezig.

La segunda parte abre la clave de una utilización espiritualmente fructuosa de todas las circunstancias, pequeñas o grandes, que se nos presentan a lo largo de los días. Es lo que se denomina “utilizar las circunstancias en el camino”. Tras analizar el tema de la felicidad, ahonda en utilizar el sufrimiento, la enfermedad, las pequeñas ocasiones (al ponerse la ropa, al poner el cinturón, al caminar, etc.), como hacer cuando se come carne, o el tema de la televisión. También nos señala como combatir emociones negativas en nuestro día a día, como el deseo y el apego, el odio y la ira, la ignorancia el orgullo y la envidia.

Por fin, en la tercera parte, nos recuerda las grandes líneas de la conducta correcta.El autor examina así los diez Actos positivos (proteger la vida, practicar la generosidad, ser fiel, decir la verdad, hablar con dulzura, utilizar la palabra de manera útil, la aceptación, la benevolencia y los conceptos correctos) y los diez Actos negativos ( matar, apropiarse de lo que no nos pertenece, no ser fiel, engañar, crear el desacuerdo, pronunciar palabras hirientes, engancharse en conversaciones inútiles, la codicia, la malevolencia y las concepciones erróneas). Por último, analiza los métodos del dharma ante el sufrimiento y finaliza con algunos mantras y su Buda correspondiente.

Mencionar también que el libro contiene fotos en blanco y negro de Bokar Rinpoche. Me ha gustado mucho leerlo, utiliza un lenguaje muy sencillo y claro, es ameno y te aporta un montón de ideas….convirtiéndose en un indispensable libro de consulta, como se indica ya en la introducción.

Claudia Corrales Lantero

Ciencia y amabilidad

Ciencia y amabilidad

Su investigación se centra en las bases neuronales de la emoción y los métodos para promover desde la ciencia el florecimiento humano, incluyendo la meditación
y las prácticas contemplativas.

“LA BASE DE UN CEREBRO SANO ES LA BONDAD, Y SE PUEDE ENTRENAR”

Richard Davidson, doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva. Fundó y preside el Centro de Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde se llevan a cabo investigaciones interdisciplinarias con rigurosidad científica sobre las cualidades positivas de la mente, como la amabilidad y la compasión. Ha cosechado importantes premios y está considerado una de las cien personas más influyentes del mundo según la revista Time. Tiene multitud de investigaciones y varios libros publicados. Ofreció un seminario para Estudios Contemplativos en Barcelona y una entrevista a La Vanguardia que aquí compartimos.

 

«Nací en Nueva York y vivo en Madison (Wisconsin), donde soy profesor de Psicología y Psiquiatría en la universidad. La política debe basarse en lo que nos une, sólo así podremos reducir el sufrimiento en el mundo. Creo en la amabilidad, en la ternura y en la bondad, pero debemos entrenarnos en ello».

Yo investigaba los mecanismos cerebrales implicados en la depresión y en la ansiedad.

...Y acabó fundando el Centro de Investigación de Mentes Saludables.

Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.

…Así empiezan las grandes historias.

Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas.

¡En dos horas!

Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes.

Ciencia y amabilidad

¿Y la expresión de los genes cambia?

Sí, y vemos como en las zonas en las que había inflamación o tendencia a ella, esta desciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Pero en 1992 ­conocí al Dalái Lama y mi vida cambió.

 

Un hombre muy nutridor.

“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”.

Un enfoque sutil y radicalmente distinto.

Le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico.

¿Qué ha descubierto?

Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.

¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?

Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.

¿Y la ternura?

Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.

¿Y cómo se entrena?

Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen sustancialmente el bullying en las escuelas.

De meditar a actuar hay un trecho.

Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento.

Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).

Fue otro de los retos que me lanzó el Dalái Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y pensamientos es causa de depresión)…

…Hay que estar abierto y expuesto.

Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca.

¿Cómo se puede aplicar a nivel global?

A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales…

¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?

Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.

¿Y cómo les convence?

Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los niños prefieren el muñeco cooperativo.

Cooperación y amabilidad son innatas.

Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.

Apenas un segundo para seguir en lo suyo.

La vida son sólo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.

Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo.

Fuente: La Vanguardia